Covarrubias tierra de mis ancestros
Estoy en Covarrubias, que además de ser una maravilla de pueblo, patrimonio de la humanidad, era el pueblo de mi abuela Aurora. Mientras recorro sus calles me asaltan muchos recuerdos de mi infancia. Mi bisabuelo, Don Juanito, tenía una casa grande de pueblo donde solíamos coincidir más de una familia en verano. Nosotros íbamos allí con relativa frecuencia hasta que cumplí los cuatro años. Recuerdo que me bañaban en un gran balde metálico con algún primo o prima. Y que las niñas del pueblo que me cuidaban me llevaban con ellas a la era. Allí me sentaban con ellas en el trillo, para hacer peso.
Recuerdo muy bien que me encantaba. Por aquel entonces el trillo venía a ser algo así como montar en trineo y conseguía que durante un rato me estuviera quietecita. Bajábamos al piélago, al Arlanza, dónde había un chiringuito y allí comíamos muchos días. Años más tarde todas esas imágenes me remueven por dentro. Y me entran ganas de escribir sobre mi familia. Mis bisabuelos Don Juanito y Rufina tenían casa en Covarrubias (donde actualmente está el hostal Chindasvinto). Tuvieron seis hijas, Aurorita, Crucita, Benituca, Isabelita, Cheluqui y Hadita.
La tía Aurora era una señora que se había casado con un hombre que había hecho fortuna en Cuba, pero por desgracia tuvo un niño que se murió de chiquitito y enviudó muy joven sin hijos, así que se fue a vivir con su tío Victoriano que vivía junto al Palacio del Duque de Lerma. Un año, estando ellos de vacaciones en Silos, coincidieron con la familia de mi bisabuela Rufina que habían venido de Tarragona también a pasar las vacaciones. Ese verano el tío Victoriano se volvió loco con su sobrinita, que por aquel entonces tenía dos añitos. No quería devolvérsela a sus padres, les convenció diciéndoles que si se quedaba en su casa, no le faltaría de nada y que la llevaría mucho a Silos a visitar a sus familiares. Vivió con ellos desde los dos años hasta los dieciocho. El tío Victoriano y Aurorita trataron muy bien y querían mucho a su sobrina, y le dieron una buena educación, piano incluido, hasta que se casó con mi bisabuelo Juan.
El tío murió antes que la tía y a ella le sentó mal que la abuela Rufina se fuera y la dejara sola. Para redimirse, Rufina y Juanito decidieron enviarle a su primogénita Aurorita, llamada así en su honor para hacer compañía a la tía Aurora, seguramente con la esperanza de que la nombrara heredera suya, pero mi abuela era demasiado movida para la buena mujer y la devolvió a los 6 meses, de ahí la mandaron a Burgos a estudiar a casa de sus abuelos y Crucita, que es la siguiente hermana y mucho más paciente y tranquila tomó el relevo y se fue a vivir con la tía.
Recuerdo muy bien que me encantaba. Por aquel entonces el trillo venía a ser algo así como montar en trineo y conseguía que durante un rato me estuviera quietecita. Bajábamos al piélago, al Arlanza, dónde había un chiringuito y allí comíamos muchos días. Años más tarde todas esas imágenes me remueven por dentro. Y me entran ganas de escribir sobre mi familia. Mis bisabuelos Don Juanito y Rufina tenían casa en Covarrubias (donde actualmente está el hostal Chindasvinto). Tuvieron seis hijas, Aurorita, Crucita, Benituca, Isabelita, Cheluqui y Hadita.
La tía Aurora era una señora que se había casado con un hombre que había hecho fortuna en Cuba, pero por desgracia tuvo un niño que se murió de chiquitito y enviudó muy joven sin hijos, así que se fue a vivir con su tío Victoriano que vivía junto al Palacio del Duque de Lerma. Un año, estando ellos de vacaciones en Silos, coincidieron con la familia de mi bisabuela Rufina que habían venido de Tarragona también a pasar las vacaciones. Ese verano el tío Victoriano se volvió loco con su sobrinita, que por aquel entonces tenía dos añitos. No quería devolvérsela a sus padres, les convenció diciéndoles que si se quedaba en su casa, no le faltaría de nada y que la llevaría mucho a Silos a visitar a sus familiares. Vivió con ellos desde los dos años hasta los dieciocho. El tío Victoriano y Aurorita trataron muy bien y querían mucho a su sobrina, y le dieron una buena educación, piano incluido, hasta que se casó con mi bisabuelo Juan.
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| 1910, boda de Rufina y Juan |
En Silos había una prima lejana que también cuidaba de la tía, sustituyendo a Crucita, que volvió con Rufina y el abuelo Juan y al año se casó con el tío Antonio.
Los veranos cuando esta prima se volvía a Silos, la tía Aurora llamaba a los abuelos para que mandaran a una hija y Cheluqui es la que iba. Esta recuerda pasarlo muy bien con amigas y antiguos admiradores de sus hermanas que le llevaban 10 años. Al final a la tía ya se le iba la cabeza y pasaban cosas divertidas.
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| Cheluqui y el abuelo Juan |




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