DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA

DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA

Tengo dos perros, dispares, que se adoran de una forma envidiable. El primero y sufridor de mis desmanes con la esquiladora, es un precioso perrito de diez kilos,  medio westie medio schnauzer enano. Chiquito, pero matón. Como se encontraba un poco solo y se les estaba agriando un poco el carácter decidimos adoptar a otro animal para que le hiciera compañía.

Hace apenas cuatro meses adoptamos a Spot, un galgo español criado en un albergue refugio para animales abandonados.  Alguien encontró a su madre tirada en una cuneta después de sufrir un atropello, el animal estaba preñado y parió en el albergue. Así que técnicamente él nunca ha sufrido de abandono, ni malos tratos, aunque la vida en un albergue dista bastante de la vidorra que se pegan en una casa rodeados de cariño.

Cuando fuimos a recogerlo al albergue fuimos con Cohen, nuestro pequeño cascarrabias, para que diera su visto bueno. Porque el perro, aunque sea pequeñajo tiene un carácter fuerte y es bastante gruñón y no se hace amigo de cualquiera, así como así. El caso es que desde el primer momento fue amor a primera vista. Cohen vio en el galgo al cachorro que nunca tendrá y el galgo vio en Cohen al padre que nunca conoció.

Para que veáis lo grande que es el cariño que se profesan mutuamente os voy a contar algo que pasó no hace mucho que me conmovió bastante. Estábamos en uno de los parquecitos habilitados en el municipio para que los perros estén sueltos y no nos percatamos de que había un agujero en la valla. El galgo que estaba un poco harto de dar vueltas por el mini-parque decidió ampliar sus horizontes y en dos zancadas, se coló por el boquete y cruzó la calle sin mirar. Los humanos al ver que se acercaba un coche nos pusimos a gritar como locos y a agitar los brazos cual molinos de viento. El galgo asustado se quedó paralizado en medio de la calle, sin saber qué hacer. El único que conservó la sangre fría fue Cohen. Que puso sus patitas en movimiento y en cuestión de segundos se plantó delante del galgo y sin pensárselo dos veces interpuso su cuerpecete entre su paralizado amigo y el coche. A Dios gracias la conductora había visto al galgo, aunque no a su valiente rescatador, y pegó un monumental frenazo, quedando el coche finalmente parado a escasos milímetros del audaz enano. El cual muy digno le hizo un gesto a Spot y con toda la parsimonia del mundo nos lo trajo a la acera.

No sé qué le pasaría a ese animal por la cabeza, pero desde luego "los tiene cuadrados". Desde entonces son inseparables.

Comentarios

Entradas populares